Yo te odiaba. Estaba confundido y me
asustaba aceptar la idea de la muerte y la enfermedad.
Creía lo que decían los periódicos, la televisión y los médicos,
creía en todo el miedo que otros intentaban diariamente meterme
dentro. Sin embargo, hoy, tres años y medio después, me encuentro
con que no estoy muerto, e incluso, a pesar de todos estos problemas
de salud, con que estoy más vivo que nunca. He crecido gracias a tu
aparición en mi vida. Tú me has dado una razón para vivir y por eso te amo.
Mis amigos están enfermos o muertos, pero yo no soy ellos. Soy yo.
Y no me siento amenazado ni asustado por algo que alguna vez fue mi enemigo
y que ahora se ha convertido en mi fuerza.
Steve.
Querido Steve:
Si yo estuviera, como dicen, empeñado en liquidarte, ¿no te parece que a estas
alturas ya estarías muerto? Yo no puedo matarte, enfermarte ni hacerte daño.
No tengo cerebro, ni fuerza bruta ni un gran poder de destrucción. No soy mas que un
virus. Tú me has dado el poder que deberias dar a Dios. Yo tomo lo que puedo porque
no quiero morir, como tampoco lo quieres tú. Sí, vivo de tus miedos, pero muero de tu paz
interior, tu serenidad, tu sinceridad, tu fe y tu deseo de vivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario